El objetivo de este trabajo consiste en ofrecer un análisis pormenorizado de la “Ley de Linus”, enunciada por Linus Torvalds en el prólogo al libro de Pekka Himanen "La ética del hacker y el espíritu de la era de la información" (Pekka, Himanen: 2002, p. 14). Realizaremos este análisis ensayando una exégesis de dicha ley a partir de la filosofía levinasiana y sus categorías éticas y metafísicas fundamentales, tomando como hilo conductor una categoría en común ofrecida tanto por el genio de la tecnología Linus Torvalds como por el filósofo lituano Emmanuel Levinas, a saber: la noción de gozo.
Terminológicamente queremos echar luz sobre el término hacker, debido a la ambigüedad que esta palabra posee en nuestros días: “Hacker, usando la palabra inglesa, quiere decir divertirse con el ingenio, usar la inteligencia para hacer algo difícil. No implica trabajar solo ni con otros necesariamente. Es posible en cualquier proyecto. No implica tampoco hacerlo con computadoras. Es posible ser un hacker de las bicicletas. Por ejemplo, una fiesta sorpresa tiene el espíritu del hack, usa el ingenio para sorprender al homenajeado, no para molestarle”. (Richard Stallman, extraído de Wikipedia.org, artículo “Hacker”)
Vale aclarar entonces que los hackers no son “piratas informáticos”. Un pirata informático puede ser un hacker, pero no todos los hackers son piratas informáticos. Éstos últimos, también denominados crackers, son delincuentes informáticos que utilizan su conocimiento con fines ilegales o maliciosos.
Respecto a lo tecnológico no pretendemos, por otro lado, dar la última palabra respecto del dilema entre Sofware privativo (como el Sistema operativo Windows) y Sofware libre (como el Sistema operativo GNU/Linux), demonizando a uno y proponiendo al otro como la única alternativa posible, pues tal propuesta antes que una solución sería una inversión del mismo orden. Simplemente nos proponemos exponer aquí las razones que motivan una preferencia determinada, pero que no apuntan a negar la alternativa, sino que se erigen como legítima elección a través de la aceptación de la diferencia.
La Ley de Linus
Linus Torvalds, el genio finlandés desarrollador del Kernel del sistema operativo Linux, expone en un congreso en la Universidad de California en Berkeley su famosa «Ley de Linus». Comenzó a pensar en dicha ley, confiesa, reflexionando sobre los hackers, para terminar aplicándola luego a todos los hombres en general; así dice “acabé pensando no sólo en los hackers sino en nuestras motivaciones más nobles en general” (Torvalds, Linus: 2002, p. 14). En dicha ley establece que todas nuestras motivaciones se pueden agrupar en tres categorías básicas. Dichas categorías designarían a su vez «estadios», o, como las llama él, «fases». A saber: "supervivencia", "vida social" y "entretenimiento", citadas en ese orden respectivamente.
La primera «fase» es la de la "supervivencia". Para Torvalds, ciertamente, ésta es una motivación tan fundamental como evidente, en efecto, "la prioridad de cualquier ser vivo es sobrevivir" (Torvalds, Linus: 2002, p. 14), dice el genio finlandés. Sin embargo, hablando de esta primera fase, observa, muy agudamente, que las personas "y otros seres vivos [...] valoran sus vínculos sociales más que a sus vidas" (Torvalds, Linus: 2002, p. 15). Si así no fuera, explica, no podríamos entender que haya gente dispuesta a "morir por la propia familia/patria/religión". Luego repite la frase "los vínculos sociales pueden llegar a ser más importantes que la vida de uno mismo" (Torvalds, Linus: 2002, p. 15).
Ahora bien, una de las tres fases posee para Torvalds preeminencia sobre las demás. Dicha fase es el "entretenimiento". Y lo explica de una manera meridiana diciendo que "Eistein no estaba motivado por la supervivencia cuando pensaba en la física. Tampoco debió ser para él una cuestión social. Era entretenimiento" (Torvalds, Linus: 2002, p. 15). Y enseguida define el entretenimiento como "algo intrínsecamente interesante y capaz de plantear desafíos", es, dice, “entretenimiento con E mayúscula, el que acaba dando sentido y significado a la existencia” (Torvalds, Linus: 2002, p. 16).
El entretenimiento es planteado, de este modo, por Linus como algo extremadamente importante, porque, como dice la definición dada por él mismo, es "intrínsecamanete interesante", es decir, es un fin en sí mismo, pues, no se realiza algo entretenido sino sólo para entretenerse. Al punto que, como él mismo expresa, “estaríamos dispuestos a morir que a aburrirnos por toda la eternidad” (Torvalds, Linus: 2002, p. 15).
Todo puede servir al entretenimiento, desde el dinero, pasando por el sexo, hasta las comida y la guerra, CNN de por medio, acota irónicamente.
De este mismo modo, un hacker, en lo único que se diferencia de los demás seres humanos es en "que ha dejado de utilizar su computadora para sobrevivir («me gano el pan programando») y ha pasado a los dos estadios siguientes [...] Para el hacker el ordenador es entretenimiento" (Torvalds, Linus: 2002, p. 17).
Así llegó a crearse el Kernel del sistema operativo Linux, explica, y, por lo tanto, "no se trata de hacer mucho dinero. La razón por la que los hackers de Linux hacen algo es que lo encuentran muy interesante y les gusta compartir eso tan interesante con los demás. De repente, se obtiene entretenimiento del hecho de estar haciendo algo interesante, a la vez que se alcanza una repercusión social. Se logra así este efecto de la red Linux, donde hay multitud de hackers que trabajan juntos porque disfrutan con lo que hacen" (Torvalds, Linus: 2002, p. 17).
Interpretaremos ahora la ley de Linus desde la perspectiva levinasiana.
Genealogía del conatus
Interpretaremos como conatus la fase que Torvalds denomina «supervivencia». En efecto, Torvalds entiende por supervivencia la motivación más básica de todo viviente por la cual éste busca ponerse en el ser; existir, cueste lo que cueste, sobre-ponerse a toda fuerza que lo impulse a la nada del propio ser, que se le presente como una amenaza para su propia existencia. Vida entendida como sobre-vivencia, como la sobre-posición del propio ser ante lo desfavorable para el existir.
Baruch Spinoza
En Baruch Spinoza encontramos la noción de conatus en la parte III de su Ethica ordine geometrico demonstrata en la Proposición VI expresada en los siguientes términos: “Cada cosa, en cuanto es en sí, se esfuerza en perseverar en su ser” (Spinoza, Baruch: 1967, p. 169).
Ahora bien, el conatus, en cuanto esfuerzo por perseverar en el ser, no se reduce a los atributos corporales, extensivos del ente, sino que acompaña también para Spinoza al atributo cogitativo. Así dice en la Proposición XI de la parte III: “Si alguna cosa aumenta o disminuye, secunda o reduce la potencia de obrar de nuestro Cuerpo, la idea de esta cosa aumenta o disminuye, secunda o reduce la potencia de nuestra Alma” (Spinoza, Baruch: 1967, p. 172) y en la Proposición XII, “El alma, en tanto que puede, se esfuerza en imaginar lo que acrecienta o secunda la potencia de obrar del Cuerpo” (Spinoza, Baruch: 1967, p. 174).
El conatus debe entenderse, por lo tanto, a partir de la interacción mente-cuerpo ya que dicha categoría está referida no sólo a las acciones-pasiones de los individuos, sino también a las funciones cogitativas del mismo. Así pues, los seres humanos, cuya unidad psicosomática alma-cuerpo les es constitutiva, se hallan atravesados radicalmente por esta ley suprema de la naturaleza. De manera que cada individuo humano despliega su existencia a partir de la peculiaridad de sus acciones en conformidad con esta legalidad conativa inherente a su esencia.
Queda patente ante nuestra consideración, de este modo, el estatus inédito para el pensamiento occidental que Spinoza otorga al cuerpo, él mismo lo expresa así en el Escolio de la Proposición II de la Parte III “Nadie ha determinado hasta el presente lo que puede el Cuerpo” (Spinoza, Baruch: 1967, p. 163). En efecto, éste ya no constituye negativamente la sede del pecado y del error, sino que, junto a las pasiones, es valorado positivamente a través del concepto de conatus. Spinoza agrupa, así, las pasiones en dos grandes conjuntos, las pasiones alegres, por un lado, que se derivan del amor y las pasiones tristes, por otro, que se derivan del odio y la tristeza.
Spinoza propone entonces favorecer las pasiones alegres, en detrimento de las tristes, en tanto que el aumento de dichas pasiones conlleva o secunda el aumento de la capacidad conativa, de la potencia de ser más del individuo. Mientras que, por el contrario, las pasiones tristes, con la culpa a la cabeza, entumecen, atrofian, obstaculizan la potencia conativa del individuo.
Martin Heidegger
A partir de Heidegger el sentido verbal de la palabra ser designa el ser como acontecimiento, como aventura o como gesta. Pues según Sein und Zeit, su comprensión no se reduce ya a una operación lógica. Comprender el sentido del ser, en efecto, es un hecho que pertenece ya al mismo acontecimiento del ser sobre cuyo sentido se indaga, a la gesta misma de existir a toda la intriga de lo humano, que no es sino su modalidad esencial.
Así pues, el Dasein, a diferencia del sujeto trascendental objetivante, comprende el ser, según la analítica heideggeriana, al modo de una preocupación-de-ser, a modo de un ser-ahí, de un estar-en-el-mundo, de un estar-con-los-demás, a modo de un encaminarse-a-la-muerte, de suerte que su ser le va a este ser en el mismo «acontecimiento» de ser. Ser hombre no sería pues, entonces, sino el puro hecho de persistir en el ser o el preocuparse de ser.
Dice Levinas comentando a Heidegger: “La fórmula «el Dasein es un ser para el que, en su ser, lo importante es su ser» resultaba seductora en Sein und Zeit, donde se refería al conatus. Pero el conatus, en realidad, se deduce del grado de sujeción al ser de este ente. Aquí no hay existencialismo. Aquí, el hombre es interesante porque ha quedado sujeto al ser, y su sujeción al ser es una interrogación. El conatus mide la obediencia al ser, el carácter integral de ese estar al servicio del ser que es responsabilidad del hombre (Lettre sur l'humanisme). El interés de ser es hasta tal punto suyo que el significado de este ser es su interés. [...] En Sein und Zeit puede verse la explicación del Da del Dasein como ente que se preocupa por ser y debe ser previamente aclarado para plantear la cuestión del ser” (Levinas, Emmanuel: 1993, p. 37 - 38).
La estructura ontológica del Dasein se articula egológicamente, y remonta a la perseverancia en el ser spinoziana, que hemos descrito en el parágrafo anterior. El conatus, en efecto, se presenta en la analítica heideggeriana del Dasein como virilidad de un poder-ser libre, de un ser que lleva a cabo su ser, que, abocado a su existencia en busca de una existencia auténtica o propia, es libre para una libertad que no consiste sino en escogerse a sí mismo, tomarse entre manos para llegar a ser sí mismo. Ni siquiera la Angustia ante la inevitable muerte, que convierte en tragicómica la existencia de este ser que conoce desde que nace el destino de su periplo sobre el mundo, abroga o estremece la potencia conativa de este ente cuyo mayor privilegio reside en la modalidad existenciaria de tener-que-ser-hasta-la-muerte.
Del conatus al gozo
Así como propone magníficamente Torvalds, el entretenimiento o gozo están primeros en la mente del que crea trabajando. En efecto, si bien el trabajo “sirve” para vivir, no sólo se trabaja para vivir, para mantenerse en la existencia. Tanto Torvalds como Levinas afirman que existir, proyectarse en el ser, no es el objetivo primordial de todo existente, pues se vive del trabajo y se vive del pan. La preocupación por el trabajo o la preocupación por el alimento, no se vincula, por muy extraño que parezca, a una preocupación por la existencia. Lo impotante de vivir no es vivir sino entretenerse, gozar de la vida.
Contraponemos, así, esta analítica del gozo de vivir, del gozo de los contenidos de los que vida se entretiene y entreteje, a la hermenéutica de la facticidad heideggeriana que reduce la existencia a la capacidad conativa y proyectiva de un sujeto solo abocado a tener-que-ser hasta asumir su última posibilidad, la posibilidad de toda imposibilidad: la muerte. Sostenemos con Levinas y Torvalds, sencillamente que “la vida no es una voluntad desnuda de ser, Sorge ontológica de esta vida -sino que, muy por el contrario, -la vida es amor a la vida, relación con contenidos que no son mi ser, y sin embargo más queridos que mi ser: pensar, comer, dormir, leer, trabajar, calentarse al sol” (Levinas, Emmanuel:1997, p. 131) – escribir una ponencia o escribir un programa de computación, agregamos nosotros.
En efecto, aquello que realmente constituye la vida, la vida de la vida, diremos nosotros, acontece en el nivel del gozo y la felicidad, y esto está fuera de toda ontología.
La ontología, de este modo, queda subversivamente subordinada a la vida. El ser, pues, desde Aristóteles, es acto, pero en tanto acto de ser entra también en nuestra felicidad. Vivimos de actos y el mismísimo acto de ser no es sino uno de los tantos actos de los cuales vivimos, como vivimos de ideas y sentimientos. El gozo es la relación pura que subyace a cada paso que damos en nuestra existencia.
Gozo y alteridad
Ahora bien surge la pregunta de cómo se pasa del egoísmo puro del gozo y de la vida, de la felicidad de sí en lo de sí a la despreocupación del sí mismo y la responsabilidad por los otros. Pues en el gozo, y esto es una verdad patente y evidente, psicológica o fenomenológicamente, “soy absolutamente para mí. Egoísta sin referencia al otro, estoy solo sin soledad, inocentemente egoísta y solo. No contra los otros, sino en mi «reserva personal» - pero enteramente sordo al otro fuera de toda comunicación y de todo rechazo de comunicar – sin orejas como vientre con hambre” (Levinas, Emmanuel:1997, p. 153).
En principio cabe señalar que el gozo está animado de un dinamismo distinto al de la percepción. La sensación estética (en el sentido kantiano del término) busca objetivar la cosa que conoce. El gozo, como afecto, como modo de vida, no debe interpretarse en función de la objetivación. El gozo, o sensibilidad, “no es una objetivación que se busca” (Levinas, Emmanuel:1997, p. 201), en la medida en que disuelve todo contenido representativo en pura afectividad sensible. De manera que si bien el yo, por el gozo, vive ensimismado en lo de sí, este ensimismamiento no constituye la clausura absoluta de un non plus ultra.
Si bien, el gozo, pues, es autoreferencial, es justamente esta autoreferencialidad lo que se requiere para poder pensar en los otros. Es decir, al constituirse el sujeto, a través del proceso que Levinas llama separación, en sí mismo autónomo, es como cae en la cuenta de que hay otros. En efecto, el proceso indentificatorio de constitución del yo de-fine, instaura la finitud, los bordes del mismo, más allá de los cuales se hace próximo el otro y es abordado como prójimo, como alteridad qua alteridad.
Por el gozo y en el gozo acontece la institución de tres límites que determinan y articulan al mismo tiempo la finitud del mismo y la infinitud del otro:
exposición, por el cuerpo, al elemento, del cual el Mismo se alimenta para constituir su identidad de tal.
acogimiento en una morada: con un lenguaje, una historia, un a partir de... determinado que define y da los contornos propios del Mismo.
La interpelación ética del rostro del otro: que como cuestionamiento y orden se expresa en el imperativo “No matarás”.
El establecimiento de dichos límites rompe la totalidad neutra en la que todo se confunde con todo y sitúa al individuo en un algo, confiriéndole bordes que despejan el vacío que posibilita la diferencia, la alteridad absoluta de lo otro. Una vez que hay otros, es cuando se abre el tiempo de la ética, en el mutuo relacionarse de los términos, que conjugan una comunión o coexistencia en la que la conjunción copulativa “y” adquiere todo su valor, yo y el otro, provocando y promoviendo la libertad del yo como yo-para-los-otros.
El software libre, razones de una preferencia
Elegimos por lo tanto el software libre para la educación porque a partir de la noción de gozo, presente en las propuestas tanto de Linus Torvalds como de Emmanuel Levinas, permite pensar la idea de que la computación no es una mera herramienta utilizable para fines benéficos o maléficos. Permite pensar también que la persona que se forma educativamente, en computación, filosofía o cualquier otra rama del saber, es mucho más que un mero “recurso humano”, un eslabón funcional en la cadena productiva de bienes y servicios. Ponemos pues en tela de juicio la noción de “capital humano” y queremos reivindicar con firmeza y con premura el derecho a la infuncionalidad. Lo humano no es un recurso porque no es un medio, no tiene valor instrumental, es un fin. Lo infuncional es lo humano.
Así pues concebimos el movimiento del Software libre ante todo como un punto de encuentro, de convergencia de personas con identidades propias y que pueden reunirse en proyectos comunes a partir de los cuales disfrutar gozando de la propia capacidad creativa. Pues el gozo, en tanto disfrute, es de por sí fecundo, generativo, de suerte que quien goza, vive una auténtica felicidad y quien vive feliz nunca se olvida de los otros.
Referencias bibliográficas