Tenía las manos frías. El calentador a kerosén era inútil para las largas noches del invierno santafesino. La humedad no se había ido de las paredes rosadas después de la inundación. Los muros de la casa iban quedando desnudos de cal, como los añosos árboles del parque Garay se desnudaban de sus hojas amarillas, a pocas cuadras de la casa.
Ramón se apoyo sobre el respaldar de su sillón de pana rotoso dando un profundo suspiro. “Los ríos desbordados son como un animal enjaulado por mucho tiempo - pensó -, cuando se escapan hacen desastres”. Los 38 lo sorprendían así. Solo, junto al calentador, sentado e iluminado por el lúgubre verdor del dial de su antigua radio a válvula, herencia inesperada.
La humedad, el frío, el olor a kerosén. Apagó la radio e hizo ademán de pararse; le temblaron las piernas y se quedó sentado. Nuevamente lo intentó y esta vez llegó hasta la ventana. Estornudó con todo el cuerpo y la cerró. Apagó la radio.
Fue a la biblioteca y hurgó entre los pocos libros y revistas que le quedaban.
Encontró un pequeño librito rojo, de tapas duras y hojas humedecidas. Leyó con dificultad las letras doradas del lomo: “Le Petit Prince”. Recordó que era el libro en francés que le había regalado su abuelo en su cumpleaños número ocho, hacía exactamente treinta años. “Qué casualidad – pensó – creí que lo había perdido”. Se sentó nuevamente, cayendo como plomo sobre el sofá. Se refregó las manos y comenzó a pasar las viejas páginas mohosas, sucias, polvorientas. Nunca había aprendido el francés, pero le divertían los dibujos. Los corderos, el elefante dentro de la víbora, el pequeño príncipe, su pequeño planeta… “Qué olor a kerosén – pensó –”; tenía los ojos entreabiertos, humedecidos, las manos le pesaban... el libro cayó...
Alguien llamó a la puerta. Era él, el pequeño príncipe. Le tendió la mano. “Nos vamos”, dijo. No hacía más frío, ya no…
Allá por el año 2004 gané con este cuento el 2do premio del "Concurso de Textos Breves de Santafesinos para Estudiantes de Español como Lengua Extranjera". El prometido premio de este superconcurso, organizado por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral, consistía en la publicación del cuento, junto con los otros cuentos ganadores. Según tengo entendido tal publicación no se ha hecho realidad aún. Así que lo publico y me cobro el premio por mí mismo.
Ramón se apoyo sobre el respaldar de su sillón de pana rotoso dando un profundo suspiro. “Los ríos desbordados son como un animal enjaulado por mucho tiempo - pensó -, cuando se escapan hacen desastres”. Los 38 lo sorprendían así. Solo, junto al calentador, sentado e iluminado por el lúgubre verdor del dial de su antigua radio a válvula, herencia inesperada.
La humedad, el frío, el olor a kerosén. Apagó la radio e hizo ademán de pararse; le temblaron las piernas y se quedó sentado. Nuevamente lo intentó y esta vez llegó hasta la ventana. Estornudó con todo el cuerpo y la cerró. Apagó la radio.
Fue a la biblioteca y hurgó entre los pocos libros y revistas que le quedaban.
Encontró un pequeño librito rojo, de tapas duras y hojas humedecidas. Leyó con dificultad las letras doradas del lomo: “Le Petit Prince”. Recordó que era el libro en francés que le había regalado su abuelo en su cumpleaños número ocho, hacía exactamente treinta años. “Qué casualidad – pensó – creí que lo había perdido”. Se sentó nuevamente, cayendo como plomo sobre el sofá. Se refregó las manos y comenzó a pasar las viejas páginas mohosas, sucias, polvorientas. Nunca había aprendido el francés, pero le divertían los dibujos. Los corderos, el elefante dentro de la víbora, el pequeño príncipe, su pequeño planeta… “Qué olor a kerosén – pensó –”; tenía los ojos entreabiertos, humedecidos, las manos le pesaban... el libro cayó...
Alguien llamó a la puerta. Era él, el pequeño príncipe. Le tendió la mano. “Nos vamos”, dijo. No hacía más frío, ya no…
Allá por el año 2004 gané con este cuento el 2do premio del "Concurso de Textos Breves de Santafesinos para Estudiantes de Español como Lengua Extranjera". El prometido premio de este superconcurso, organizado por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral, consistía en la publicación del cuento, junto con los otros cuentos ganadores. Según tengo entendido tal publicación no se ha hecho realidad aún. Así que lo publico y me cobro el premio por mí mismo.

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